Conferencia: “Fuentes para conocer la Nobleza propia”

La aspiración, la ambición a remontarse en el tiempo tras las noticias de nuestros antepasados es una inclinación natural de todo ser humano que, generalmente, se acrecienta con la edad; pues parece que a las personas, envueltas como viven en la vorágine de la vida, les acometa una necesidad personal de contar con referencias genealógicas de sus ascendientes y conservarlas.

Cuando a alguien le asalta el deseo, el anhelo; en definitiva, el interés por conocer su genealogía y comienza una investigación en toda regla; es decir, comienza a hacer acopio de documentos sobre sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos y demás antepasados ha de saber que estos documentos han de ser, de manera inapelable y insustituible, documentos fehacientes y oficiales de los que se encuentran en el Registro Civil, como son las partidas de nacimiento, de casamiento y de defunción; los que se conservan en los Archivos Parroquiales, que custodian los libros de bautismo y de matrimonio canónico; en los Archivos Militares, que guardan referencias y hojas de servicio de los mandos del ejército, y también los que se custodian en los Archivos nacionales, provinciales o regionales, en los cuales se hallarán ejecutorias de limpieza de sangre, cartas ejecutorias de hidalguía, reales provisiones de hidalguía y en los que también se depositan y conservan los Protocolos Notariales, que no contienen otra cosa que testamentos, dotes e hijuelas, y en los que con toda seguridad figurarán antepasados, herederos, albaceas, etc.

Así, pues, las personas que hubieren de interesarse en el conocimiento o esclarecimiento de hechos, acciones y vicisitudes de sus antepasados no tienen más que iniciar una “investigación genealógica” metódica y exhaustiva, con la cual obtendrá la reconstrucción de una biografía familiar tan extensa como permitan los datos a su alcance; teniendo siempre presente que todo individuo cuenta, partiendo de sus cuatro primeros abuelos, con ocho segundos abuelos, dieciséis terceros abuelos, treinta y dos cuartos abuelos, sesenta y cuatro quintos abuelos, ciento veintiocho sextos abuelos, etc., etc. De suerte que en cada nueva generación se dobla la cifra de éstos, pudiendo una persona de mediana edad contar con más de cuatro mil antecesores o ascendientes diferentes cuyo origen podría remontarse al reinado de Felipe IV.

En la mayoría de esos documentos podremos hallar, además de citas familiares, descripciones de cargos, oficios, situaciones y privilegios que, sin duda de ningún género, comportarán la condición de noble o de hidalgo de aquel o aquellos antepasados a que pertenezca el documento en cuestión. Adquirida, dicha condición, a través del ejercicio de las armas, de la repoblación de territorios, en razón del esfuerzo intelectual, por el cargo desempeñado, etc.

La Asociación de Hidalgos de España define en sus Estatutos lo que es la Prueba de Nobleza con indudable precisión: “Se consideran pruebas de nobleza todas aquellas que califiquen y determinen, de una manera clara, terminante y sin la menor duda la calidad de noble en sus diferentes denominaciones y según los Fueros, Leyes, usos y costumbres de todos los lugares, provincias, regiones, señoríos y reinos de la antigua Comunidad Hispana”.

¿Y cómo le alcanza, cómo se hereda la Nobleza de nuestros antepasados en el caso de que gozaran de ella? Siempre por descendencia en línea recta de varón de aquel que la obtuvo seguramente hace siglos. El Código de las Siete Partidas define la verdadera Nobleza, la Nobleza de Sangre, como “la que viene a los hombres por linaje”, por sus antepasados; es decir, que se erige en un atributo, en un hecho natural e indeleble, obra de la sangre.

El conferenciante, Ángel Sánchez i García, es Académico Correspondiente de la RACV y miembro de la Sección de Genealogía y Heráldica de esta.

Interviene:

Àngel Sánchez i García

Lugar: Salón de Actos de la RACV    dirección: C/ Avellanas, 26, 46003 - Valencia
Día: 11/11/2009 - 19:00    hasta: 11/11/2009 - 21:00
   
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